Pasta fresca o pasta seca ¿cuál es mejor?

Pasta fresca o pasta seca: ¿cuál es mejor?

 

Como el lienzo de un artista o el mármol para un escultor, la pasta es fuente de inspiración para cualquier amante de la cocina, además de ser un ingrediente muy preciado en la cultura gastronómica mediterranea.

La pasta, una cuestión cultural

En Italia, hemos crecido desde pequeños con “i cavatelli della nonna”, la “lasagna di mamma”, “gli spaghetti al sugo della zia”…

¿Cómo olvidar la primera vez que cocinamos nuestros primeros macarrones con atún? O la “spaghettata aglio e olio” de medianoche tras volver de fiesta con más hambre que Caín.
Todos estos recuerdos están indisolublemente ligados al aroma de una salsa cociéndose a fuego lento, pero sobre todo al sabor constante de un elemento protagonista en nuestra vida: la pasta.

 

 

Como buenos amantes de la cocina, hemos buscado siempre la perfección. En cada restaurante o trattoria italiana que hemos visitado, la pasta debía responder a un cierto estándar de calidad en cuanto a cocción, “mantecatura” (proceso que, por su importancia, requeriría un artículo a parte) y su maridaje con la propuesta enóloga del restaurante en cuestión.
Pero con la llegada del Covid-19, las circunstancias han cambiado: adiós a cenar fuera, ¡bienvenida cuarentena!

Hemos vuelto a vivir con calma y a dedicar mimo a la cocina, rememorando aquellos momentos en los que cocinar era algo casi sacro.
Y así, buscando entre los recetarios de familia, recreando los platos que nos han acompañado durante nuestra vida, nos ha surgido una duda existencial:

¿Pasta fresca o pasta seca?

Quizá la pasta fresca en la cultura popular, haya ganado la partida en cuanto a emotividad se refiere. Nos gusta darle valor a las preparaciones hechas a mano, con dedicación, tiempo y cariño.
La magia de una pasta estirada a rodillo, que amalgama el sabor de sus ingredientes y se rinde ante nosotros con el primer mordisco, es algo que conquista cualquier paladar. Sin embargo, si hablamos sobre prestaciones durante la preparación, no hay pasta mejor que otra.

La pasta seca abraza con sencillez cualquier salsa: desde las más simples (como un sugo al pomodoro) a las más complejas (como puede ser una auténtica carbonara romana); llegando a reinar sin discusión en algunas recetas, como la pasta con almejas o la cacio e pepe.
Por otra parte, la pasta fresca es la compañera ideal de salsas con cuerpo, como un ragù de cordero, amatriciana o una crema de brócoli y longaniza.

 

 

 

Es decir, ante la pregunta “Pasta fresca o pasta seca: ¿cuál es mejor?” Nuestra respuesta es: ambas, siempre.

Nuestro consejo es el mismo que rige nuestros principios en la vida: ¡experimentad al máximo! Probad diversas preparaciones hasta dar con vuestra preferida, trabajad el proceso de mantecatura de la pasta y… sobre todo, no olvidéis un aspecto fundamental: ¡la cocción de la pasta, siempre al dente!

Y vosotros, ¿tenéis alguna predilección especial por algún tipo de pasta? ¡Contádnoslo con un comentario!